viernes, 27 de marzo de 2009

La otra cara de una misma moneda...

Yo ya lo sé, no hay alegría sin tristeza, ni tristeza sin alegría y yo me muevo al ritmo del cambio permanente. Esto de tener algo de un sabor distinto y consistencia en mi boca me causó gran impresión. Los padres no alcanzan a comprender del todo eso y claro, si pasan echandose cosas a la boca y tragándo todo cuanto tienen por delante como si fuera lo más mecánico del mundo... Yo les avisé entonces lo que me estaba pasando y lo bueno es que ellos estaban ahí para consolarme y quererme.

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